La mayoría de los reptiles producen su vitamina D₃ gracias a los UVB, directamente en la piel. Sin ella, el calcio de sus presas no se absorbe. Este es el recorrido completo, de la luz hasta los huesos.
Los UVB crean la vitamina D₃
Se almacena como reserva
Se vuelve activa
El calcio de la dieta se absorbe
Los huesos se vuelven fuertes
Bajo el efecto de los UVB (300–320 nm), el 7-dehidrocolesterol de la piel se convierte en previtamina D₃ y después en vitamina D₃. Los UVA2 (320–350 nm) ayudan al animal a regular esta producción, sin excesos.
La vitamina D₃ llega al hígado, donde se transforma en 25-hidroxivitamina D₃, su forma de reserva.
Los riñones la convierten en su forma activa: la 1,25-dihidroxivitamina D₃, o calcitriol.
La forma activa permite al intestino absorber el calcio aportado por la alimentación.
El calcio absorbido garantiza la mineralización y la solidez del esqueleto.
La cadena se interrumpe desde el primer paso: el calcio se absorbe mal, lo que puede provocar trastornos óseos como la enfermedad ósea metabólica.